
Estallaba hace meses la polémica: que si tu me has copiado, que si hoy en día nadie hace nada original, etc. Telecinco se defendía de las acusaciones de plagio de su serie, Acusados, sobre la muy americana Damages.
Gracias al Emule -y hasta que nuestra ministra favorita no nos desconecte por usarlo- he podido ver el episodio piloto de Damages. La verdad es que lo hice con el colmillo afilado, listo para masticar el honor nacional y escupirlo al ritmo de "en este país de paletos no les llegamos ni a la suela de los zapatos a los creativos de USA".
La cabecera me dio la razón. Sólo la música y los primeros planos de la ciudad nos dejaban a la altura del betún. Acusados parecía una cosa de televisión local, muy cutrecilla. Y sin embargo a la postre, no. Ni de coña.
El episodio piloto de Damages es malo. Es malo porque aburre a las ostras, y porque canta demasiado que es un piloto. Las tramas se presentan y pseudo desarrollan de forma atolondrada; llegan a saturar. Demasiado rápido, demasiada mandanga ¿por qué? Pues por lo mismo de siempre que hace tantas veces fracasar a los yankis: la obsesión por la puta pela. Si el piloto no convence, no se hace la serie. USA es así.
No hablaré del resto de la serie porque no la he visto y porque no me apetece. Pero Damages falla en lo más importante: no engancha, exige al espectador paciencia, y eso es imperdonable en el mundo en que vivimos. El tiempo es oro, hoy más que nunca.
En caso de elección, no hay duda: Acusados. Acusados se puede disfrutar como cabeza de ratón: dentro de lo nacional, han echado el resto. Damages es otra serie más repleta de los cliches con los que los yankis nos tienen empachados (abogados de éxito, bufetes todopoderosos, ricos que abusan, bla, bla -mohín de asco y cansancio-, bla). Cola de león auténtica, oigan.